El ballet.

 Tuve suerte de haber tenido la contención de mis tías abuelas y mi abuelo. No sé que hubiera sido de nosotros, mi hermano y yo, de no ser por ellos. Aunque ya eran mayores y no podían haber más nada que intentar apalear con distracciones.

Yo era la favorita de mi tía abuela, ella nunca había podido tener hijos y siempre quiso una hija. Lo decía a menudo, me cuidó hasta el final de sus días y creo que al día de hoy sigue conmigo en cierto aspecto, aunque no me lo merezco, menos por el silencio que no quiero seguir callando.

Ella me inscribió en ballet con una profesional, quería que me orientara por ese camino en una carrera. Inicié las clases, hasta la primer presentación profesional en un teatro. Ese fue el último día que acepte seguir yendo. Los dos días anteriores a la presentación, hicimos la puesta en escena en el teatro y fue el peor episodio que tuvo mi madre. 

El alcohol, la marihuana y el cáncer le habían generado una suerte de delirio. Me acuerdo en el trayecto al teatro, íbamos con mi madre y mi hermano en ómnibus, mi padre había desaparecido unos días y nos había dejado a solas con ella. Nunca comprenderé por qué empezó a hablar en el ómnibus, parada, con todo el mundo, diciendo que yo era sorda-muda y mi hermano estúpido. Al principio me daba risa y le seguí el juego, me hacía la que no escuchaba nada hasta que me empezó a hacer muecas y ahí le grité: "basta". La gente aterrada se empezó a bajar del ómnibus y el guarda nos hizo bajar, cuando bajamos todo el mundo aplaudía. Que suerte para ellos, poder seguir su camino tranquilo, bajaron a una madre con delirio y sus dos hijos que no alcanzaban a cumplir ni los cinco años. 

El teatro estaba próximo a la parada, caminamos, ya ofuscados, fue lo peor, haber llegado. Entré al teatro y mi madre empezó a hacer destrozos con todo, rompió un vidrio, la quisieron sacar, y hasta ahí me enteré. Mientras la profesora quería que siguiera la rutina, pero era imposible, mis compañeras me clavaron la mirada como si yo hubiera sido la que estaba haciendo el ridículo. Por suerte desapareció. Uno de los padres de mis compañeras nos agarró a mi y a mi hermano y nos arrimó al apartamento de mi otra tía abuela que vivía cerca.  Me acuerdo que mi tía abuela nos dijo : "¡¿qué le hicieron a tu madre?!". Como si la cumpla fuera nuestra, ni entendíamos lo que estaba sucediendo aunque ya se había vuelto rutina. 

Después de eso, todo volvió a la normalidad, hice la presentación, éramos una familia feliz como si nunca nada hubiera pasado, fueron todos los integrantes de mi familia al evento, hermoso recuerdo. Y mi madre estaba reluciente, compañera, alegre... como me gusta recordarla. Mi tía seguía pagándome las clases de ballet pero yo ni de asomo quería aparecer. Mi madre decía que no se acordaba de nada y nosotros teníamos que actuar como si nunca hubiera sucedido dicho episodio, le vi en los ojos enseguida que sí se acordaba cuando le dije que no quería ir mas, sin mediar palabras, entendió y  no me insistió. 

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