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Mostrando entradas de julio, 2021

Lo que no te mata, te fortalece.

Aprendí a sobrellevarla, tenía que trabajar con ella si quería que la familia se sostuviera. Como dije anteriormente, era muy inteligente y era ávida en los negocios. No era lo que quería pero lo hice, al principio pensando que si lo hacía mi padre trabajaría conmigo y sería una forma de ayudarlo pero eso nunca se concretó.  Aprendí a quererla, era mi madre, con sus defectos y virtudes. Hoy me desahogo de las cosas malas que viví pero también viví momentos hermosos y llenos de alegría. Hasta llegué a doparme para poder soportar la situación, al principio era todo legal, mi padre me presentó un ansiolítico, era hace una vez... estaba nerviosa para un examen, me gustó esa sensación de despreocupación: ahí comenzaron mis problemas. Me hubiera gustado tenerlos todas las noches a mi lado, no fué difícil conseguirlas, si bien eran recetas "verdes", el pasaje por el psiquíatra, "xxx xxx", era fácil. Entraba, cinco minutos, le decía que tenía sentimientos suicidas, y salía....

La jueza.

Ya de adolecente, acostumbrada a la locura y el delirio, siempre busqué escaparme en la casa de amigas. Intentaba estar lo menos posible en mi casa, por lo menos llegar lo más nocturnamente posible para poder encerrarme en mi cuarto a esperar que fuera otro día. Las cosas no iban bien, mi padre se había ahogado en una depresión que ni trabajo buscaba, no me acuerdo haberlo visto más que escabulléndose en las noches de forma sigilosa para no ver a nadie, mi madre seguía jugando a la empresaria con dinero de mi abuelo. Nos habíamos mudado de un barrio de clase media a alta a otro de clase media baja para baja, la economía no iba bien, ya mi tía abuela estaba viviendo con nosotros. Mi madre buscaba constantemente en las noches con quién pelear, mi hermano había optado por mi misma solución, pero por su lado. Retornar a la casa era una tortura. Una noche, la peor noche de mi vida, llegué y mi madre tenía esos ojos especiales. Yo ya había aprendido a distinguir cuando le aparecía su otra pe...

El ballet.

 Tuve suerte de haber tenido la contención de mis tías abuelas y mi abuelo. No sé que hubiera sido de nosotros, mi hermano y yo, de no ser por ellos. Aunque ya eran mayores y no podían haber más nada que intentar apalear con distracciones. Yo era la favorita de mi tía abuela, ella nunca había podido tener hijos y siempre quiso una hija. Lo decía a menudo, me cuidó hasta el final de sus días y creo que al día de hoy sigue conmigo en cierto aspecto, aunque no me lo merezco, menos por el silencio que no quiero seguir callando. Ella me inscribió en ballet con una profesional, quería que me orientara por ese camino en una carrera. Inicié las clases, hasta la primer presentación profesional en un teatro. Ese fue el último día que acepte seguir yendo. Los dos días anteriores a la presentación, hicimos la puesta en escena en el teatro y fue el peor episodio que tuvo mi madre.  El alcohol, la marihuana y el cáncer le habían generado una suerte de delirio. Me acuerdo en el trayecto al t...

La hermana

 Era una tarde normal, ya habíamos retornado de la escuela, estábamos en el apartamento merendando cuando alguien toca a la puerta. Mi hermano salió corriendo a abrir, seguramente era la vecina quejándose por algún gato nuestro, otra persona no podía ser. Estábamos viviendo en ese entonces en un octavo piso de dos torres con guardia y portería habitacional, controles no faltaban. Sin embargo, al abrir la puerta mi hermano llama a mi madre desconcertado: "hay una Sra preguntando por vos". Las lágrimas humedecieron la habitación, era mi hermana. Mi madre todas las noches se lamentaba por sus hijas, que había tenido que dejarlas ir, ellas nunca lo habían comprendido y solo ésta la había perdonado e insistido en recuperar a su madre. Hasta el día de su muerte, nunca se enteraron de la enfermedad que padecía. Enfermedad que les había destruido su familia, pero que por suerte se había reconstruido desde las cenizas. Esta nueva familia era la que se estaba desmoronando, lentamente y...

El balcón.

 Era una noche calurosa, en la década de los noventa, estábamos jugando con mi hermano en el cuarto. Me acuerdo que teníamos muchos juguetes, por lo general nos quedábamos hasta tarde. Nuestra madre empezó a mover todos los muebles, estaba limpiando, eso ya nos daba un indicio de que se venía la tempestad. Desde niños escuchamos las discusiones que mantenían con nuestro padre, él siempre la llamaba "alcohólica". Creo que asumimos que ese rea su problema, y justificábamos sus actitudes en dicha "enfermedad". Mi padre, como era usual, estaba trabajando de nocturnidad. Estábamos solos con ella. Los ruidos de arrastre de la madera sobre el parque eran estruendos. Creo que los vecinos en esa época no estaban muy a gusto con nuestra convivencia. De repente vemos pasar a mi madre en el cuarto contiguo y empieza a lanzar objetos desde el balcón. Por suerte vivíamos en un apartamento contra frente, si bien era un piso alto, un octavo piso, nos rodeaban patios internos.  Con ...

El daño que produce una enfermedad a una familia.

 Esta es la primera vez que me atrevo a tocar el tema de una forma pública, aunque anónima, porque entiendo que vos puedes ser otra víctima como lo fui yo. Si bien no fui yo quien padecía la enfermedad de forma directa sí fue así de forma indirecta y creo que es momento de desahogarme y puede que esto ayude o oriente a alguien que se encontró en la misma situación que tuve que vivir.  Tuve una niñez feliz pero distinta, capaz que inusual. Mis padres eran cariñosos, nos brindaron a mi y a mi hermano todo lo que pudieron y tuvieron a su alcance. Habían situaciones fuera de lo común que no eran de nuestro cabal entendimiento pero ya lo habíamos considerado como parte habitual de nuestra cotidianidad. Detonantes.  Me acuerdo que las noches eran un martirio para mi y para mi hermano, por que en general en el día estábamos o en la escuela, en institutos de idiomas o clubes. Hoy en día me doy cuenta que mis abuelos, que ya eran muy mayores intentaban alejarnos en cierta medida d...